Todos conservamos algún paisaje atravesado en la memoria, y lo normal es que ese paisaje se extienda más allá de una sola mirada. O sea, más de los 48º que salvo cíclopes y similares somos capaces de contemplar desde el eje de nuestra nariz. Por eso, para evitar panorámicas confusas por los extremos, nada hay como una mirada entera. Un instrumento para llegar a ver lo que se mira.
Si alguien desea contemplar de esta manera su propio paisaje, cualquier encargo será bien atendido.
un regalo especial
Las composiciones se entregan montadas sobre su base y protegidas en un estuche de regalo.
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